LEYENDO PERSONAS

Leyendo personas, presentación

La casa es importante, es tu castillo en ruinas; digo ruinas porque lo más acercado a un castillo es que tu casa podría ser la del guarda o el ama de llaves, y aún así puede ser que lo defenderías hasta la muerte, como si fuera el último baluarte inhiesto en una batalla de esas que son el final de los tiempos conocidos.

Y sí, mi casa es mi pequeño reducto dónde hay un yo que se despereza haciendo ruidos, que en otras situaciones parecerían desagradables, o que se viste como si hubiera sido recién recogida de la calle, en una vida de transeúnte. Pongo mucho cuidado en que sea algo particular y esté, la entrada, restringida a extraños. Quizás por eso amo estar en la calle, porque abro las puertas y me puedo dejar llevar.

Si mi casa es mi cuerpo, la calle es todo lo demás. Anhelo los días en que salir de la casa era una libertad infantil, un esconderse de la dictadura materna, un tener la posibilidad de ser tú. En la calle aprendí cosas, incluso a defenderme o a amar, aprendí a crecer y a descubrir el mundo. En la casa el sol entra por las ventanas, en la calle, entra por todas partes, y el viento, la lluvia, el aire.

Un día me di cuenta de que es la calle la que me inspira, la que me permite fotografiar los rincones, colorear los lugares, y mirar con esos ojos que se amplían, que idean. Me encuentro la mayoría de las veces sentada en un bar mirando a mi alrededor y veo.

Estos relatos son así, la escapada de mi castillo me abre puertas a otros mundos que, sin duda, son el mío. Me siento ahí en un bar cualquiera y escruto a la concurrencia, siempre hay alguien que me inspira, me muestra lo que creo que es su historia, aunque a buen seguro ellos la tratan de ocultar.