LEYENDO PERSONAS .- 5

No hay mucho que contar, estoy sola, compartiendo este momento con mi yo que hoy no puede cotillear a nadie. Hace algo de frío, no hay sol, ese que hace salir de sus casas a los paseantes, y a mí que se me hace bella la calma que precede a una lluvia que no llega.
Su ropa es descuidada, más un cubrir que un recurso para la muestra. Sus movimientos son de costumbre, como un rito; se ha desprendido del peso que siempre lleva a la espalda, saca su teléfono, el tabaco y busca un mechero que se esconde entre los mil bolsillos que tiene.
Los bolsillos son las cajas de la ropa, guardan lo que eres en la necesidad, una pequeña cámara, unos sobres de papel para limpieza de lentes, una funda de gafas, un cacao que, debe estar caducado, unos analgésicos, por dar, por no querer ver al amigo con dolor, una navaja pequeña, nunca se sabe cuando llega el momento de cortar.
El tablet con el que escribe éstas líneas y que sirve para estar, sin estar, con el mundo.


Tiene pinta de ser feliz y de no hacer mucho por eso; la suerte siempre le sonrió, le hizo muecas y le dio achuchones, y lo valora, siente que no siempre es así, en otros.
Escribe historias todo el tiempo, en su cabeza esta la forma de conjuntar las palabras y que cuenten cosas. Mira el lugar intentando ver un poco más, lo oculto a simple vista y se lo inventa, podría ser el mundo más divertido y ameno.
Algún día hará algo bien, lo sabrá nada más verlo y entonces todo ha de cambiar.
No hay nadie más consciente de lo corta que es la vida, de lo inútil, de que somos la comparsa de alguien y ellos pueden aparecer en el drama que vivimos.
La realidad es un juego en el que participa sin convencimiento, sin creer demasiado que algo puede cambiar; es como si otro escribiera sobre ti, añadiendo frases, borrando palabras, puntuando.
Hace viento, se nota el frío y huele a la lluvia que debe caer en otro lugar. Siempre llueve en la lejanía.