{"id":111,"date":"2012-11-04T19:20:20","date_gmt":"2012-11-04T19:20:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=111"},"modified":"2012-11-04T19:20:20","modified_gmt":"2012-11-04T19:20:20","slug":"dormir-es-un-poco-morir-la-siesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=111","title":{"rendered":"Dormir es un poco morir. La siesta."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/PB030035.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-112\" title=\"UN EXTRATERRESTRE EN CASA\" src=\"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/PB030035.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"1600\" srcset=\"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/PB030035.jpg 1200w, https:\/\/www.marixa.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/PB030035-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.marixa.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/PB030035-768x1024.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Dormir es un poco morir. Si la petite mort es eso, la gran mort es la inevitable, la siesta es un tocarla suavemente, con la punta de los dedos, pero casi rondando la consciencia.<\/p>\n<p>El sonido horrible del aparato maldito, el invento del diablo a la hora de una siesta le dice al durmiente que debe romper con la parte lucida de la muerte y dejar de ver el otro plano. Estira la mano, a tientas, sobando los restos del postre y el caf\u00e9, tocando a ciegas como en un concurso de la televisi\u00f3n donde hay que acertar para llegar al destino. All\u00ed est\u00e1 el causante, los causantes, que te acuerdas del mism\u00edsimo Bell, por conocido y del esp\u00edritu maldito que hace despertar a la bestia. Buscas de entre todos los botones uno que apague el ruido, uno que no te obligue a la comunicaci\u00f3n, que deje entrever al que llama que no est\u00e1s, sin ofender, no sea que sea un amigo o una noticia triste, entonces las maldiciones se vuelven en tu contra. Desear\u00edas tocar la tecla pero el fabricante debi\u00f3 ponerla debajo de la cavidad de las pilas e irremediablemente le das y aceptas una llamada, como se acepta algo irremediable.<\/p>\n<p>Teniendo las cuerdas bocales atrofiadas por el sue\u00f1o es complicado hablar, un \u201c\u00bfSi?\u201d ser\u00e1 m\u00e1s que suficiente\u2026 Preguntas y m\u00e1s preguntas que no entiendes. Se dar\u00e1 cuenta el interlocutor de que te dar\u00eda igual que fuese el rey de un gran pa\u00eds o tu mism\u00edsima t\u00eda monja muerta. Contestas por inercia, con la seguridad de que el otro se ha dado cuenta de que no est\u00e1s en tu sano juicio. Maldito el que llama a una hora en la que la gente deber\u00eda de darse cuenta de que puedes no estar disponible, no querer estarlo. Contestas y lo m\u00e1s triste es que encima no es para ti. Maldito inventor que no hizo que el sonido del diablo tuviese un color, un tono para cada uno de los que est\u00e1n en la casa o en vez de ese ruido de est\u00fapida onomatopeya, diga tu nombre en voz alta\u2026 no, casi mejor que no, esto podr\u00eda tener connotaciones infantiles poco agradables.<\/p>\n<p>Es igual, ya te han despertado y en vano intentas volver a que las sucias mantas de sof\u00e1 te arropen, ellas solas podr\u00edan caminar hasta la lavadora, y hacer a la puerta una manifestaci\u00f3n exigiendo un trato justo. Imposible, no es que no se pueda volver a dormir, se podr\u00eda pero hay un velo luminoso que te quita la idea\u2026 la culpa. \u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 que todo lo que nos gusta acaba produci\u00e9ndonos una culpa est\u00fapida?, un sentimiento que no sirve para nada, salvo para amargarle a uno la vida.<\/p>\n<p>Ya te has despertado y tomado la primera decisi\u00f3n a modo de bautizo, de prueba fehaciente de que est\u00e1s ya en este otro lado y esa sensaci\u00f3n conocida, cotidiana se siente cerca. La boca seca, sin p\u00e1lpito en el coraz\u00f3n, la vista no encuadra y una terrible necesidad de orinar se apodera de ti. Buscas en vano el zapato sinverg\u00fcenza, ese que aprovecha y juega al escondite cuando sesteas. Los zapatos son como los hijos; tienes dos y a pesar de que quieras que ambos tomen el mismo camino de la bondad, sabes que la maldici\u00f3n de Ca\u00edn y Abel nos persigue; uno de ellos desea la libertad y hay que retenerlo a tu lado o no servir\u00e1 para nada, no tendr\u00e1 futuro, romper\u00e1 el del hermano.<\/p>\n<p>Ya en el aseo, sentada en la fr\u00eda taza intentas recordar los sue\u00f1os, esos que el absurdo puebla y maneja a su antojo. Apoyas tus brazos en las rodillas parafigurando a Rodin y te das cuenta de que as\u00ed podr\u00edas quedarte una o dos horas m\u00e1s. Los pensamientos se alejan, la tranquilidad te embriaga y\u2026 tienes que tener cuidado porque si no espabilas, bien podr\u00edas pegarte un trastazo contra el lavabo que inamovible espera tu frente.<\/p>\n<p>Ya no hay vuelta atr\u00e1s, necesitas espabilar y volver a tomar la vida como lo que es, un impasse entre un sue\u00f1o y otro que se rompe por una llamada de tel\u00e9fono, que tampoco te la ha de cambiar, ni siquiera te emociona lo suficiente como para desear despertar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dormir es un poco morir. Si la petite mort es eso, la gran mort es la inevitable, la siesta es un tocarla suavemente, con la punta de los dedos, pero casi rondando la consciencia. El sonido horrible del aparato maldito, el invento del diablo a la hora de una siesta le dice al durmiente que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=111\" class=\"more-link\">Seguir leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Dormir es un poco morir. 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