{"id":202,"date":"2013-04-10T23:29:00","date_gmt":"2013-04-10T23:29:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=202"},"modified":"2013-04-10T23:29:00","modified_gmt":"2013-04-10T23:29:00","slug":"el-pequeno-acompanante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=202","title":{"rendered":"EL PEQUE\u00d1O ACOMPA\u00d1ANTE"},"content":{"rendered":"<p>Hab\u00eda una mujer que guardaba un hombre peque\u00f1ito en un bolsillo. Lo ten\u00eda all\u00ed como quien conserva un amuleto dado por una vecina; realmente no era despreciable pero tampoco atra\u00eda suertes de ning\u00fan tipo, ninguno que ella pudiese apreciar.<\/p>\n<p>Hace a\u00f1os tuvo un gato pero no era lo suficientemente peque\u00f1o como para llevarlo de un lado a otro en bolsillo alguno y el pobre bicho viv\u00eda enroscado a su cuello del que solo se apeaba si la mujer entraba en llantos. Tanto lloraba que las l\u00e1grimas que le ca\u00edan casi ahogan al bicho y no hubo m\u00e1s remedio que deshacerse de este. Lo dejo en la puerta de un orfanato laico. Aquellos que guardaban a los hijos de los desconocidos siempre dec\u00edan que eran muy suaves los ni\u00f1os, su gato tambi\u00e9n lo era, seguro no notar\u00edan la diferencia. M\u00e1s a m\u00e1s porque se hab\u00eda impregnado tanto de las l\u00e1grimas que ol\u00eda a persona.<\/p>\n<p>No se hab\u00eda dado cuenta pero el hombre peque\u00f1ito adquiri\u00f3 la habilidad de ser el guardi\u00e1n de las llaves. Las llevaba atadas a la cintura con un fino cordel y cuando ella las necesitaba \u00e9l sab\u00eda perfectamente c\u00f3mo hacer para que las encontrase. Le daba un pellizquito en la pantorrilla, que es la zona m\u00e1s cercana a los bolsillos, y as\u00ed, siempre estaban al alcance de la mano.<\/p>\n<p>Nunca le dio las gracias por esto.<\/p>\n<p>De ser el guardi\u00e1n de las llaves pas\u00f3 a ser el sujetador del anillo, porque ella ten\u00eda un anillo mentiroso, que val\u00eda su peso en oro, lo que no era mucho teniendo en cuenta lo delgado que era. Cada vez que lloraba la medida de la mujer menguaba y el anillo tend\u00eda a escaparse. Primero lo us\u00f3 en el dedo \u00edndice y esto le ven\u00eda de maravilla. Solo con se\u00f1alar al cielo consegu\u00eda que todos mirasen su bonito y dorado anillo.<\/p>\n<p>Llorar por un d\u00e9j\u00e0 vu no trae nada bueno. Tuvo un pensamiento espeso, uno de esos que cuesta curar. Estornudaba ideas, sensaciones y moqueaba palabras sinsentido. Cuando se cur\u00f3 vio con sorpresa que el anillo hab\u00eda resbalado en el fondillo y al ir a recogerlo el hombre peque\u00f1ito lo ten\u00eda en el cuello. Le pareci\u00f3 guapo y por una vez pens\u00f3 que la pieza le quedaba mejor a \u00e9l. Se lo puso en el dedo anular. Un d\u00eda se le qued\u00f3 prendido en un saliente e inevitablemente ella no quiso soltar la mano de su brazo, ni este de su tronco, ni ella de aqu\u00e9l sitio tan peligroso. Permaneci\u00f3 all\u00ed el minuto m\u00e1s largo de su vida, tanto que envejeci\u00f3 dos meses de golpe y por supuesto, sali\u00f3 el dedo del empe\u00f1o, mengu\u00f3 un tanto. De nuevo qued\u00f3 el oro como collar del diminuto.<\/p>\n<p>Empezaba a temer por su vida siendo la causa ese peque\u00f1o trozo de metal infernal. Esto lo dudaba un poco.<\/p>\n<p>Cada vez que met\u00eda su mano en el bolsillo y lo rozaba sent\u00eda un cierto cosquilleo, era \u00e9l que le besaba las yemas; no lo distingu\u00eda bien porque con ese tama\u00f1o de labios no pod\u00eda competir con el gato hu\u00e9rfano de olor a l\u00e1grima viva. No se puso el anillo en el siguiente dedo, ten\u00eda la impresi\u00f3n de ser un enga\u00f1o, si hubiese dado un pu\u00f1etazo quiz\u00e1s un escalofr\u00edo de dolor le habr\u00eda dado la raz\u00f3n. No es que ella estuviese dando pu\u00f1etazos todo el tiempo, pero le gustaba llamar a las puertas de esta manera. Le relajaba mucho hacer esto. Era como pegar justificadamente y solo pasaban dos cosas: alguien que no estaba, no respond\u00eda o lo hac\u00eda y ambas cosas eran una fortuna. Esta costumbre le hab\u00eda dado muy buenos resultados, impepinablemente detr\u00e1s de una puerta hay un mundo que solo te puede pertenecer si la traspasas, de no hacerlo es posible que tengas que imaginar qu\u00e9 es lo que all\u00ed hay y nunca aciertas, por mucho que lo intentes o incluso sabiendo algunos par\u00e1metros sacados, por supuesto, de alg\u00fan chascarrillo escuchado por las escaleras en esos ratos en los que parec\u00eda que intentaba encontrar las llaves y disimulaba metiendo la mano en otros bolsillos o toc\u00e1ndose los pechos, qu\u00e9 a veces, solo en casos excepcionales tambi\u00e9n serv\u00edan de resguardos. Ella perd\u00eda el tiempo en el lugar donde el peque\u00f1o estaba; como la vida da muchos sustos su tama\u00f1o tambi\u00e9n era menor y de a poco sent\u00eda casi bien los besos que \u00e9l le daba en todas las yemas, en las u\u00f1as, en los nudillos. Le dejaba hacer y se sent\u00eda bien.<\/p>\n<p>Cuando le preguntaban si estaba sola, respond\u00eda r\u00e1pido que s\u00ed, que lo estaba. En la pantorrilla pod\u00eda sentir un coraz\u00f3n que lat\u00eda con fuerza; un d\u00eda dijo que ten\u00eda una mariposa guardada por si llegaba la primavera de sorpresa. A todos les pareci\u00f3 normal la explicaci\u00f3n, ellos no ten\u00edan mariposas guardadas pero esta mujer era muy extra\u00f1a y como la ve\u00edan menguar con cada contratiempo no le quer\u00edan contradecir.<\/p>\n<p>Una noche hizo algo que no hab\u00eda hecho nunca jam\u00e1s; una tonter\u00eda de esas que se hacen cuando la luna no est\u00e1 plena y hay tan poca luz que ni t\u00fa mismo te ves. Se puso el vestido para ir a dormir, con miedo por esto, salvando la distancia de la mala suerte que da hacer cosas as\u00ed. A los muertos no les ponen camisones, las visten con vestidos importantes, menos mal que no suelen tener bolsillos.<\/p>\n<p>Se durmi\u00f3 con la mano resguardada, sintiendo como un hombrecillo enloquec\u00eda a base de besos y peque\u00f1os pellizcos en las pantorrillas y m\u00e1s all\u00e1. Tuvo sue\u00f1os incre\u00edbles, como que la enana criatura crec\u00eda y crec\u00eda\u2026 se despert\u00f3 de la pesadilla cuando los hilos no pod\u00edan contener tanta grandeza y se ve\u00eda casi desnuda, apenas cubierta por los jirones de la prenda. Se levant\u00f3 y volvi\u00f3 a lo habitual, dejar lo puesto en el armario y ponerse un recatado camis\u00f3n lleno de flores que no hac\u00edan cosquillas si no las ayudabas.<\/p>\n<p>A estas alturas la vida continuaba un poco m\u00e1s complicada que en el pasado; hab\u00eda menguado tanto que el anillo ya solo serv\u00eda de collar para otro y ella sent\u00eda que todo le quedaba grande. Hab\u00eda que hacer algo, esto no pod\u00eda continuar as\u00ed.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 al orfanato a ver si pod\u00eda volver a tener a su mojado gato y se encontr\u00f3 que hab\u00edan hecho collares con \u00e9l. Todos los ni\u00f1os que all\u00ed se acomodaban ten\u00edan un collar hecho con las tripas y la piel del gato y de estos colgaban miles de peque\u00f1as perlas. Las lagrimas de los chiquillos cada vez que tocaban la piel del bicho se convert\u00edan en perlas brillantes de gran calidad y los encargados las vend\u00edan por todo el mundo, porque eran curativas, resolv\u00edan todas las enfermedades de la angustia con una facilidad pasmosa.<\/p>\n<p>Les dio pena verla peque\u00f1a y sin color, se apiadaron de ella y recordaron que de no ser por su impronta ellos no tendr\u00edan perlas. Le regalaron una de mediano tama\u00f1o, una que, seg\u00fan dec\u00edan, pod\u00eda curar las penas de todos los que la tocasen.<\/p>\n<p>Se la meti\u00f3 al bolsillo como hacen todos los incr\u00e9dulos, da igual la suerte que les regales acaba en ese reducto, camino del olvido.<\/p>\n<p>Ya llegando a la casa se sinti\u00f3 cansada, era como si llevase un gran peso encima, uno como si fuese una mentira o una verdad incre\u00edble. Al llegar a la puerta del vecino dio un buen pu\u00f1etazo, casi con rabia, esperando ser escuchada y socorrida. Nadie respondi\u00f3. En el otro piso dio hasta dos golpes fuertes tambi\u00e9n\u2026 nada. Era raro, casi nunca ten\u00eda que golpear en m\u00e1s de una puerta para ser recibida, desisti\u00f3.<\/p>\n<p>Hizo como si no encontrase las llaves. Encorvada sobre su bolso remov\u00eda las cosas, sacaba unas y luego otras; se toc\u00f3 los pechos con suavidad, baj\u00f3 por la cintura y se entretuvo en ella rode\u00e1ndola; toc\u00f3 una de sus caderas dando peque\u00f1os golpecitos con los nudillos, como si llamase a una puerta invisible. Sab\u00eda que las llaves las ten\u00eda en el otro lado bien resguardadas.<\/p>\n<p>Las escuch\u00f3 cuando dieron de morros contra el suelo, que las llaves al caer cierran las bocas para no romperse los dientes, esto lo sabe cualquiera que tenga llaves, el sonido es fuerte pero no molesto, por eso se pierden tantas veces.<\/p>\n<p>Por fin pudo entrar al lugar donde no es necesario imaginar que hay, lo sabes y solo a veces dudas sobre si el deseo de cambio habr\u00e1 hecho su trabajo y puede que te encuentres los muebles por el techo, o alguna otra persona que se apodere de tus cosas y sin darte cuenta pierdas las identidad porque esas personas te la absorben.<\/p>\n<p>Una vez dentro respir\u00f3 el aroma de lo que es tuyo, el suelo que te recuerda de los muchos paseos que diste en el, la pared que soporta tus penosos dibujos o el vaso que siempre te mira dispuesto. Todo le resultaba fuerte, eran los colores que se hab\u00edan duplicado en tono y ahora ocupaban mucho m\u00e1s espacio. Por fin se decidi\u00f3 y meti\u00f3 su mano en el bolsillo, por una vez la costumbre del cosquilleo no se dio; esto la enfad\u00f3 bastante, se quit\u00f3 el vestido y lo meti\u00f3 en el armario, all\u00ed de cualquier manera, sin colgar, tirado sobre los zapatos de verano y las botas de agua.<\/p>\n<p>Hizo lo que hac\u00eda siempre antes de irse a dormir, una rutina que le parec\u00eda que era parte de ella y se meti\u00f3 en la cama con el camis\u00f3n de sosas flores. Daba vueltas y m\u00e1s vueltas, ten\u00eda algo durmiendo a su lado, la necesidad. Esto le hizo mirar hacia el armario y sentir que la tonta penuria le empujaba, se tuvo que levantar, de lo contrario habr\u00eda ca\u00eddo sin remedio. Se acerc\u00f3 al armario, sac\u00f3 el vestido abolsillado y se lo puso.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 su mano desnuda y tuvo un deseo, se quer\u00eda poner el anillo de oro, se\u00f1alar a la luna y que el peque\u00f1o hombre mirase al dedo. Fue entrando poco a poco, muy despacio para no asustarle\u2026 sac\u00f3 el anillo con el hombre al cuello, este hab\u00eda crecido y se estaba ahogando con el aro. El muy tonto se hab\u00eda tragado la perla y en el subterfugio empez\u00f3 a crecer; se asust\u00f3. No reaccionaba bien a la adversidad, no encontraba soluciones por las paredes vac\u00edas de su cabeza, solo se le ocurri\u00f3 hacer eso que hace la gente cuando quiere sacar un anillo de un dedo remol\u00f3n que ha engordado por una alegr\u00eda. Meti\u00f3 la cabeza del hombre en su boca y la llen\u00f3 de saliva, lo sac\u00f3 y lo intent\u00f3 de nuevo, el aro sal\u00eda dobl\u00e1ndole las orejas y aplastando la nariz. Lo mir\u00f3 y se lo volvi\u00f3 a meter a la boca, quer\u00eda sorber lo que de ella quedaba por el pelo.<\/p>\n<p>Sin querer pas\u00f3 algo extra\u00f1o, lo aspir\u00f3 y con el dedo de la luna lo empuj\u00f3 de tal manera que acab\u00f3 trag\u00e1ndoselo.<\/p>\n<p>No le dio las gracias nunca y ahora entre l\u00e1grimas e hipos se sent\u00eda morir. No se muri\u00f3 no, a la ma\u00f1ana siguiente supo que el hombrecillo hab\u00eda empezado a crecer y ahora le daba besos desde dentro. Ella ya nunca m\u00e1s estar\u00eda sola, ahora eran dos y una perla de gato.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda una mujer que guardaba un hombre peque\u00f1ito en un bolsillo. Lo ten\u00eda all\u00ed como quien conserva un amuleto dado por una vecina; realmente no era despreciable pero tampoco atra\u00eda suertes de ning\u00fan tipo, ninguno que ella pudiese apreciar. 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