{"id":727,"date":"2016-08-02T22:39:10","date_gmt":"2016-08-02T22:39:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=727"},"modified":"2016-08-02T22:39:10","modified_gmt":"2016-08-02T22:39:10","slug":"las-cosas-no-hablan-con-cualquiera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=727","title":{"rendered":"LAS COSAS NO HABLAN CON CUALQUIERA"},"content":{"rendered":"<p>Tuvo un infancia insulsa, como insulsos eran sus padres; ni bien, ni mal, porque cuando crees que no hay remedio, las cosas suceden tranquilas, sin sobresaltos, ni siquiera en d\u00edas de fiesta o de luto, hasta la muerte es esperada y se recibe casi como si fuese uno m\u00e1s de la familia.<br \/>\nPas\u00f3 de color triste al negro de un d\u00eda para otro, quiz\u00e1s un abuelo al que nunca habl\u00f3 o un hermano que no lleg\u00f3 a tener cara y en la casa ya no se guardaba luto, se mostraba hasta el final de los tiempos, sin remedio.<br \/>\nComprendi\u00f3 a la insulsa de su madre cuando se vio en esas, cuando casi hac\u00eda los mismos gestos y es entonces cuando la conoci\u00f3.<br \/>\nA su padre, tambi\u00e9n un hombre desle\u00eddo por la vida, lo empez\u00f3 a apreciar en la ausencia. Recordaba su impronta al llegar a la casa, algo achispado, gritando a su manera, la que era propia de \u00e9l, y que parec\u00eda su gracia, aunque nadie se la encontraba por ning\u00fan lado.<br \/>\nPobre hombre liso.<br \/>\nA ella, la madre, le hablaba aunque estuviese muerta, lo mismo que a su abuela, la que vivi\u00f3 con ellos, ennegrecida tambi\u00e9n durante muchos a\u00f1os. La vieja ten\u00eda m\u00e1s palabras que todos ellos juntos, se las hab\u00eda comido todas en una merienda con sus recuerdos y sus man\u00edas.<br \/>\nTuvo un par de hijos y el marido necesario para tal fin; un hombre trabajador, fiel a medias y a pagos, que las putas del barrio le sonre\u00edan cuando se la cruzaban, eso era muestra inefable de que ten\u00edan algo m\u00e1s en com\u00fan que una acera sucia.<br \/>\nLos hijos llegaron y se fueron r\u00e1pido, los dej\u00f3 ir sin remordimientos, por necesidad. Pasaron por el lugar unos sacerdotes, vestidos de ese negro tan familiar, ofertando educaci\u00f3n gratis y entrada al cielo, trabajo fijo con Dios y tres comidas diarias \u00bfqui\u00e9n se iba a negar?<br \/>\nAlg\u00fan vecino se neg\u00f3, esos que hablan alto en la tasca o a las puertas de sus empleos, los que ten\u00edan esperanzas de que algo ten\u00eda que cambiar. Los vio desde que era ni\u00f1a y nunca pudo ver mayores cambios que los remiendos que todos hac\u00edan en sus ropas. A\u00fan as\u00ed, a veces los envidiaba, se hablaban mucho entre ellos, aunque fuese gritando.<br \/>\nSola, en la casa, ten\u00eda un ritual que se hab\u00eda ido tejiendo poco a poco; casi sin darse cuenta pose\u00eda una vida toda llena de remiendos y parches, pero solo cuando estaba sola, algo para s\u00ed misma que ocultaba como se oculta lo malo.<br \/>\nUna ma\u00f1ana, cuando el marido se hab\u00eda ido a trabajar, se descalz\u00f3, sinti\u00f3 por primera vez el limpio suelo de su casa y estaba frio, le gust\u00f3 esa sensaci\u00f3n de frescor que le sub\u00eda por las pantorrillas y le hac\u00eda parecer m\u00e1s liviana, casi m\u00e1s joven.<br \/>\nOtro d\u00eda record\u00f3 que ten\u00eda hijos y que si llamasen a la puerta casi no los reconocer\u00eda, crec\u00edan tan r\u00e1pido y se alejaban al mismo ritmo de ellos. Se los imagin\u00f3 all\u00ed con ella, descalzos, se sent\u00f3 e hizo el gesto de los abrazos y besos que nunca les dio, muchos ca\u00edan en sus manos propias y esto tambi\u00e9n le agradaba, porque en ese momento supo que su madre, de saber besar y abrazar, lo habr\u00eda hecho con ella. Se los imaginaba enganchados a sus pechos, mamando, parando para hablar de sus cosas, de lo bien que se lo pasaban en el colegio, de los curas que jugaban al f\u00fatbol o de que Dios est\u00e1 en todas partes y que todos somos sus hijos; se parec\u00eda, ella, a los insulsos padres que hab\u00eda conocido, nada dec\u00edan, nada hac\u00edan, poco viv\u00edan.<br \/>\nCrey\u00f3 escuchar risas y se extra\u00f1\u00f3, en esta casa de paredes finas, ni los vecinos re\u00edan. Volvi\u00f3 a creer y le parecieron los sonidos que emiten los ni\u00f1os cuando juegan, pero aqu\u00ed, en la vecindad los ni\u00f1os no est\u00e1n, y de estar, no sabr\u00edan re\u00edr porque las paredes finas se comen los mejores sonidos; hacen malas las conversaciones, guisan mal los amores y ellas parece que sufren y de mientras, de encontrarse, en el portal, una ni\u00f1a joven enamorada de un buen mozo, callar\u00eda, incluso silenciar\u00eda las chanzas que se les supone, porque este lugar no est\u00e1 para risas.<br \/>\nOtro d\u00eda, comenz\u00f3 a hablar con el palo de la escoba; sali\u00f3 espont\u00e1neamente, sin pensar, le dio las gracias por el servicio y le anim\u00f3 recalcando lo bien que lo hac\u00eda. A partir de ese d\u00eda le saludaba o le ped\u00eda permiso para tomarla entre sus manos, incluso varias veces bail\u00f3 con ella al son de la m\u00fasica que sub\u00eda por el patio, la de la radio del vecino de abajo que ten\u00eda ese placer.<br \/>\nElla lo conoc\u00eda todo, qu\u00e9 tonta no era, pero como a toda la gente que no ha tenido una buena infancia las cosas le colmaban enseguida, poco le faltaba para que se le escapasen, estar, estaban, aunque no produjesen todo eso que muchos dec\u00edan tener, tranquilidad, que poco se parece a la felicidad.<br \/>\nLa cama recib\u00eda un tratamiento especial, le llamaba con el do\u00f1a, do\u00f1a cama esto, do\u00f1a cama lo otro\u2026 as\u00ed en un sin vivir porque recordaba lo so\u00f1ado y ella era la confidente adecuada. Obtuvo espectadores que eran las mesillas, la peque\u00f1a lamparita de noche y hasta las zapatillas, que ahora descansaban a la entrada de la habitaci\u00f3n, no fuese que alguna vecina llamase para algo y le pillase sin ellas.<br \/>\n .- Do\u00f1a cama has dormido bien? Yo hoy he visto el mar, una cosa enorme llena de agua por todas partes. S\u00ed, ya s\u00e9 que ves mis sue\u00f1os, pero es agradable recordarlos.<br \/>\nSe\u00f1orita mesilla \u00bfsabe usted que tiene un pretendiente al otro lado de la cama? Ya podr\u00eda usted \u201cse\u00f1\u00e1\u201d cama ser buena y present\u00e1rselo, es un buen partido y har\u00e1n una estupenda pareja.<br \/>\nMuchos d\u00edas hablaba con los cacharros cuando los necesitaba para un guiso o los estaba lavando en la pila; siempre con prudencia, no fuese a ser descubierta por alguna vecina cotilla y le preguntasen a ver si ten\u00eda visita, o lo que ser\u00eda peor, que su marido pensase que alg\u00fan otro se colaba en la casa mientras \u00e9l no estaba. Era imposible dejar de hacer esto, le gustaba coger familiaridad con lo que le rodeaba y se inventaba noticias, cosas simples de la calle que ella hac\u00eda importantes.<br \/>\nHab\u00eda decidido no dejar de hablar, y luego cuando sal\u00eda a la calle se le notaba m\u00e1s suelta, ya no pon\u00eda cara de susto por todo, ahora ten\u00eda cosas en qu\u00e9 pensar, nunca mejor dicho, nunca m\u00e1s literal.<br \/>\nUna tarde despu\u00e9s de comer, cuando su marido ya hab\u00eda salido al taller, recog\u00eda la cocina; los platos manchados eran preguntados si deseaban estar limpios y si les hab\u00eda gustado el arroz; se excusaba con ellos sobre la poca carne que pon\u00eda, pero no hab\u00eda remedio a causa del tambi\u00e9n poco dinero que le daba el hombre para comprar comida.<br \/>\n.- \u00bfYa se ha enterado? \u2013 le dijo a la cazuela que hab\u00eda servido para el guiso \u2013 Hice arroz con poco, ya ni siquiera le pongo cari\u00f1o a esto, cocinar me aburre, sobre todo si no puedo comprar nada para alegrar el guiso.<br \/>\nNo se sabe c\u00f3mo pas\u00f3, la cazuela que estaba enjuagando, le contest\u00f3.<br \/>\n.- Tranquila, me gustan los platos que usted me guisa.<br \/>\nLa dej\u00f3 caer en la fregadera, se ech\u00f3 para atr\u00e1s y call\u00f3 sentada en la silla m\u00e1s cercana. Al suelo no hubiese podido caer de tan peque\u00f1a que era la estancia.<br \/>\n\u00a1Ya est\u00e1, se hab\u00eda vuelto loca! No sab\u00eda qu\u00e9 hacer, llor\u00f3 un buen rato, mientras se repet\u00eda a si misma \u201cest\u00e1s loca mujer, est\u00e1s loca\u201d<br \/>\nPasaron unos d\u00edas hasta que volvi\u00f3 a decirle algo a la escoba o a cualquier otro de los trastos de la casa. Hasta las vecinas se dieron cuenta y le preguntaban qu\u00e9 le pasaba porque su cara ten\u00eda un color p\u00e1lido que daba pena.<br \/>\nSe ve que el marido tambi\u00e9n se hab\u00eda dado cuenta y sinti\u00e9ndose culpable se present\u00f3 con una radio en la casa. Le dio una gran alegr\u00eda tener un aparato de estos, ahora ya no estar\u00eda tan sola.<br \/>\nSe iba el hombre y ella pon\u00eda la radio, y le hablaba, la radio a ella, como si fuese que la conociese de toda la vida. Contestaba a los buenos d\u00edas, incluso hab\u00eda empezado a bailar cuando sonaba m\u00fasica; tomaba el palo de la escoba y se mov\u00eda por toda la casa como si fuese una gran pista de baile.<br \/>\n.- Me est\u00e1s mareando \u2013 le dijo la escoba.<br \/>\nLa solt\u00f3 y esta vez no se ech\u00f3 a llorar, esta vez le pregunt\u00f3 si no le gustaba la m\u00fasica.<br \/>\nEntablaron una buena conversaci\u00f3n sobre los estilos musicales y que a ella, a la escoba, lo que le gustaba era escuchar m\u00fasica cl\u00e1sica, que lo moderno no era para ella.<br \/>\nVolvi\u00f3 a charlar con todos los muebles, los cacharros, incluso hasta las zapatillas, que le dec\u00edan que se las pusiese que lo de bailar a ellas les encantaba.<br \/>\nPod\u00eda ser un encantamiento, hab\u00eda escuchado que a las personas se las pod\u00eda encantar y que entonces hac\u00edan cosas sin pensar, y a veces hasta les dominaban. Teniendo estos pensamientos corri\u00f3 a la iglesia y all\u00ed se dio cuenta de que tambi\u00e9n estaba sola, dios no le respond\u00eda por mucho que le preguntase o le diese los buenos d\u00edas. Estuvo en un tris de confesarse y contar al cura lo que le ocurr\u00eda, pero desconfi\u00f3 de aquel hombre que vest\u00eda tan de negro como su madre y su abuela.<br \/>\nEn la casa las cosas iban cambiando, hab\u00eda conseguido pintar las habitaciones con colores c\u00e1lidos, y dibujos de cisnes que flotaban en un estanque con juncos. A veces cuando los miraba pod\u00eda verlos nadar y c\u00f3mo jugaban entre ellos.<br \/>\nCambi\u00f3 las cortinas por unas m\u00e1s vaporosas, como el tul de las novias, blancas y brillantes. Puso hasta calcoman\u00edas en los azulejos del cuarto de ba\u00f1o. A veces se alejaba un poco del barrio, a las afueras, tres calles m\u00e1s all\u00e1, y recog\u00eda unas cuantas flores y ramas con las que adornar la sala y darle a todo un color mucho m\u00e1s vivo.<br \/>\nAquella casa, en soledad, parec\u00eda un mercado, todas las cosas hablaban, algunas, entre ellas, ten\u00edan largas charlas sobre lo que se escuchaba en la radio y ella aprend\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s.<br \/>\nLas vecinas empezaban a sentir una curiosidad morbosa por lo que ocurr\u00eda a aquella mujer que siempre hab\u00eda sido una simple m\u00e1s y ahora parec\u00eda que ten\u00eda una vida nueva.<br \/>\nLa mesa donde com\u00edan le dijo que ten\u00eda que ver mundo, que con la radio se viven cosas, pero que no se fiase solo en lo que ella dec\u00eda, que un aparato que habla tanto no puede ser bueno, ten\u00eda que comprobar que todo aquello que se le mostraba exist\u00eda.<br \/>\nEmpez\u00f3 por salir con un bolso enorme, dentro portaba un vaso con el que se llevaba muy bien y sus zapatillas, que le hab\u00edan pedido encarecidamente que las sacase de casa.<br \/>\nHizo algo que no era soso, cogi\u00f3 un autob\u00fas y se baj\u00f3 donde m\u00e1s gente vio correr de un lado a otro, en el centro. Por el recorrido le hab\u00eda pasado una cosa extra\u00f1a, todo parec\u00eda ir lento, muy lento; hab\u00eda intentado arreglarse el pelo y tuvo la sensaci\u00f3n de que aquello se llev\u00f3 una hora por lo menos. Los coches, las casas, todo pasaba tan lento que dudaba si estaba en la calle o en uno de sus sue\u00f1os. Tem\u00eda despertarse.<br \/>\nEn el centro la gente corr\u00eda lentamente, hac\u00edan cosas que reconoc\u00eda, pero ahora todo se mostraba mucho m\u00e1s asequible para poder admirarlo.<br \/>\nHab\u00eda preguntado al revisor d\u00f3nde ten\u00eda que coger otra vez el autob\u00fas para regresar y a qu\u00e9 hora lo hac\u00eda. Lo ten\u00eda todo planeado, y a pesar de no moverse de la plaza donde se baj\u00f3 tuvo la sensaci\u00f3n de que aquel fue el viaje de su vida.<br \/>\nLos objetos, los de la calle, incluso los que pertenec\u00edan a otras personas, tambi\u00e9n le hablaban. Hab\u00eda empezado por casualidad, mirando uno de los puestos de venta callejera. Era una gran caja, grand\u00edsima, donde todo colgaba a su alrededor; pod\u00edas encontrar desde unos caramelos hasta la prensa del d\u00eda, pero tambi\u00e9n peque\u00f1os juguetes para los ni\u00f1os y algunos \u00fatiles de esos que llevan cerca las personas, peines, espejitos y hasta pa\u00f1uelos.<br \/>\nUn peine de pl\u00e1stico que imitaba el viejo carey le chist\u00f3 cuando miraba otras cosas y estuvo cont\u00e1ndole la cantidad de inventos que se pod\u00edan ver desde aquel preciso punto y las no menos interesantes conversaciones que escuchan a los que por all\u00ed se acercaban.<br \/>\nLe dio la sensaci\u00f3n de que el peine lo sab\u00eda todo, pero no pudo comprarlo porque no llevaba m\u00e1s que el dinero justo para el autob\u00fas. Se despidi\u00f3 de \u00e9l apenada, hab\u00edan hecho una muy buena amistad y en esas pensaba volver otro d\u00eda y hacerlo suyo para as\u00ed poder tener m\u00e1s entretenidas conversaciones.<br \/>\nHizo muchos m\u00e1s viajes hasta que se sab\u00eda de memoria los recorridos de todos los tranv\u00edas, de todos los autobuses. Un d\u00eda, siempre con las zapatillas en el bolso y su amigo el vaso, lleg\u00f3 a la estaci\u00f3n.<br \/>\nAquel lugar le pareci\u00f3 un regalo del cielo, hac\u00eda mucho que el tiempo no frenaba para ella, pero ese d\u00eda, ese d\u00eda ocurri\u00f3 de nuevo. Revis\u00f3 los carteles donde informan de las paradas, de los lugares lejanos donde esas enormes m\u00e1quinas llevan a la gente y se mont\u00f3, simplemente se subi\u00f3 a la primera puerta que vio abierta, se sent\u00f3 en uno de aquellos asientos vac\u00edos y se dej\u00f3 llevar.<br \/>\nNada pas\u00f3, ning\u00fan revisor vino para poder comprar un billete, nadie se sent\u00f3 a su lado. Escuchaba la m\u00fasica de la estaci\u00f3n donde el tren se hab\u00eda parado, no pudo ver el cartel donde pone el lugar porque era entrada la noche; pens\u00f3 que ten\u00eda que bajar y seguir su camino o el camino de otros, pero sin parar.<br \/>\nNi siquiera ten\u00eda sue\u00f1o, lo hab\u00eda dejado en aquel c\u00f3modo sill\u00f3n. Al salir a la calle pudo oler algo desconocido, lo pudo escuchar, el mar y a las zapatillas que ped\u00edan por favor que las sacase. Lo hizo, se cambi\u00f3 los zapatos de calle por sus amigas familiares, sac\u00f3 el vaso y camin\u00f3 hasta lo que se ve\u00eda oscuro, negrura total.<br \/>\nLa emoci\u00f3n de alguien que llega al mar por primera vez y no lo puede ver, es casi superior al que lo ve a pleno d\u00eda; porque lo intuye, se lo imagina de un color azul oscuro que el sol aclara. El suave sonido de las olas se hace m\u00fasica para los sentidos y el olor se te mete en los huesos.<br \/>\nSe sent\u00f3 all\u00ed en un peque\u00f1o pretil que separaba la calle de la arena y las rocas que se ve\u00edan poco. Esper\u00f3.<br \/>\nHay un momento en que todo se ilumina, adquieren tonos las cosas, le record\u00f3 a la luz que se aprecia cuando un vecino la enciende y entra, sin pedir permiso, en una habitaci\u00f3n. Poco a poco una peque\u00f1a chispa roja se percibe a lo lejos y el cielo, por encima, se ilumina. Luego, en pocos minutos, aparece una lenteja de color anaranjado brillante, que sube y sube y ba\u00f1a cada roca, cada pedazo de tierra, pero sobre todo, el mar que coge toda su potencia volvi\u00e9ndose rosa y blanco y amarillo y los azules cambian y el blanco de las olas y las gaviotas que vuelan felices\u2026<br \/>\nHay un hermoso rayo reflejado en el mar y en la arena, como un camino listo para ser andado.<br \/>\nSe fue caminando con sus zapatillas, despacio, lentamente como si fuese parte de aquella alfombra solar. Nunca m\u00e1s se supo de ella, las mujericas del barrio animaban al marido dici\u00e9ndole que con lo insulsa que era se hab\u00eda tenido que perder, incluso la buscaron por los alrededores, pero a ninguno se le ocurri\u00f3 entrar en la casa y preguntar a sus cosas, aquellas que ahora tambi\u00e9n le echaban de menos, ninguna, nunca jam\u00e1s volvi\u00f3 a hablar porque las cosas no hablan con cualquiera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tuvo un infancia insulsa, como insulsos eran sus padres; ni bien, ni mal, porque cuando crees que no hay remedio, las cosas suceden tranquilas, sin sobresaltos, ni siquiera en d\u00edas de fiesta o de luto, hasta la muerte es esperada y se recibe casi como si fuese uno m\u00e1s de la familia. 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