{"id":778,"date":"2017-01-02T00:44:58","date_gmt":"2017-01-02T00:44:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=778"},"modified":"2017-01-02T00:44:58","modified_gmt":"2017-01-02T00:44:58","slug":"que-le-pasaba-a-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=778","title":{"rendered":"\u00bfQU\u00c9 LE PASABA A LAS PALABRAS?"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 le pasaba a las palabras?<br \/>\nEllas, que tan a gusto parec\u00eda que estaban con \u00e9l y ahora, ahora no las encontraba; se ve que les hab\u00eda asustado de tanto nombrarlas, como se asustan los animales de compa\u00f1\u00eda de las calles, esos que son de todos y de nadie.<br \/>\nDescubri\u00f3, en la ni\u00f1ez, que las palabras eran gratas compa\u00f1eras, vecinas y amigas, y que cuando se aprend\u00edan se daba el siguiente paso y se comprend\u00edan. Se hizo el prop\u00f3sito de saber el significado de todas, incluso las que no usaba normalmente, pero la vida le dej\u00f3 poco tiempo para esta monumental tarea, hizo lo que pudo.<br \/>\nPensaba que los libros, las poes\u00edas, sobre todo las poes\u00edas, eran un poco suyas cuando las memorizaba y que aunque no conoc\u00eda a los autores se sent\u00eda inmensamente agradecido por el regalo que es la escritura, porque \u00e9l se guardaba para s\u00ed sus historias, que se contaba cada noche en la cama.<br \/>\nCuando todos se hab\u00edan acostado revisaba los cierres, las luces, el agua y los sonidos de todos, luego se met\u00eda en la cama tranquilo, pensando que todo estaba dentro de ese orden en el que uno nunca tiene el dominio por entero, y all\u00ed comenzaba una p\u00e1gina nueva o pon\u00eda fin a la historia que hab\u00eda empezado el d\u00eda anterior.<br \/>\nSus historias variaban seg\u00fan el d\u00eda, hab\u00eda podido ver algo que le asombrase, que el mundo iba cambiando deprisa y sin preguntar, o quiz\u00e1s la sonrisa de alguien al ver algo que le parec\u00eda bonito o le enternec\u00eda.<br \/>\nCuando se escriben historias para uno la cosa es igual que si fuese en papel, lo \u00fanico que tienes que tener a tu favor es una gran memoria y adem\u00e1s tenerla ordenada.<br \/>\nEn el silencio de la noche aparec\u00edan los protagonistas, con sus ropas y sus olores, toda una minuciosidad en los detalles que compon\u00edan aquella historia; las tramas iban desarroll\u00e1ndose como si ya estuviesen cosidas a un hilo argumental que desconoc\u00eda la procedencia, pero estaba ah\u00ed, para \u00e9l y sus noches. Hab\u00eda relatado tantos cuentos que se volvi\u00f3 a dar cuenta de que era otra cosa m\u00e1s para hacer cuando tuviese tiempo. No conoc\u00eda el significado de todas las palabras, aunque muchas, con los a\u00f1os, se le iban presentando, as\u00ed, como con la elegancia que tienen los muchachos educados, siempre expectantes y mucho m\u00e1s felices si pudiesen dar un buen apret\u00f3n de manos. Sus historias iban a esperar, las palabras iban a esperar y lleg\u00f3 el momento en que quitaron la parada.<br \/>\nUn d\u00eda le preguntaron algo y no encontraba la palabra adecuada para responder; rebusc\u00f3 y all\u00ed no estaba, alguien se dio cuenta del silencio inc\u00f3modo y contest\u00f3 por \u00e9l. La palabra en cuesti\u00f3n era conocida, su significado, la hab\u00eda usado miles de veces, pero no supo d\u00f3nde andaba. No le dio mucha importancia a este detalle que le pareci\u00f3 una an\u00e9cdota y prosigui\u00f3 con su vida, con los suyos y con las esperanzas de poder tener m\u00e1s tiempo para recoger significados y recapitular historias.<br \/>\nTodos los d\u00edas le\u00eda con gusto; en la que el resto reposa la comida ech\u00e1ndose una siesta, \u00e9l le\u00eda, era un gran cliente de la biblioteca, pod\u00eda devorar un libro a la semana, a veces dos, cuando eran de pocas p\u00e1ginas. Ahora hab\u00eda descubierto que algunas palabras se le escapaban, no es que no las conociese, sab\u00eda que s\u00ed, que eran de uso corriente, pero no las reconoc\u00eda. La le\u00eda, la escuchaba en su pensamiento, la repet\u00eda una veintena de veces, pero esa palabra no quer\u00eda salir del archivo de las utilidades.<br \/>\nAl principio, mucho antes de que se diese cuenta de que las palabras se estaban perdiendo, ocurr\u00eda que sal\u00edan a trompicones, o cuando les daba la gana, disimulando. Pod\u00eda estar en una conversaci\u00f3n y referirse a algo concreto y no querer salir, como si tuviese verg\u00fcenza y la raz\u00f3n de la palabra, que es hacerse o\u00edr, se hubiese quedado dormida.<br \/>\nSe hab\u00eda dado cuenta de que no solo esto lo perd\u00eda, tambi\u00e9n su archivo de olores y sabores. Desde muy joven ten\u00eda el gusto de hacer algo que para el resto pasaba desapercibido, pero a \u00e9l le hab\u00eda servido de acompa\u00f1amiento el resto de su vida.<br \/>\nCuando era peque\u00f1o cada vez que iba a casa de su abuelo, este abr\u00eda la botella de an\u00eds de moras, que hac\u00eda \u00e9l mismo cada temporada, y le daba una para comer. Ten\u00eda buenos recuerdos de su abuelo y no hubo cumplido los doce cuando el hombre le dej\u00f3 de dar este aguinaldo tan sabroso, muri\u00f3; al tiempo la madre, ya repuesta de la p\u00e9rdida, acudi\u00f3 a la casona a poner un poco de orden en los restos de aqu\u00e9l hombre que tanto hab\u00eda hecho por todos. Entre otras cosas sac\u00f3 un par de botellas con el an\u00eds de moras y las llev\u00f3 a la casa como un tesoro que iba a guardar con cari\u00f1o.<br \/>\nLlegaron las navidades y como algo especial sac\u00f3 una de las botellas y fue sirviendo a todos los comensales. A los ni\u00f1os les reparti\u00f3 una mora a cada uno. \u00c9l no hab\u00eda olvidado a su abuelo, lo ten\u00eda presente pero es cierto que la imagen se dilu\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s. Al momento de meterse en la boca aquella fruta cerr\u00f3 los ojos, all\u00ed, de la manera m\u00e1s real que uno pueda imaginar apareci\u00f3 su abuelo. Lo pudo oler, sentir, incluso le dijo unas palabras mentalmente. Supo que cada vez que quisiese volver a tenerlo cerca solo ten\u00eda que ponerse una mora anisada en la boca y todos los tiempos vividos, todas las palabras, los gustos, los olores, iban a regresar. Durante toda su vida hizo por ir a recoger moras poco antes del oto\u00f1o y sigui\u00f3 meti\u00e9ndolas en el an\u00eds para que le trajeran a su abuelo.<br \/>\nA partir de este momento cada vez que deseaba recordar algo con todo detalle preparaba ese alimento que llevarse a la boca. Como quien tiene un momento l\u00facido cuando pasa por un olor, o ve una fotograf\u00eda, lo que hab\u00eda comido le llevaba inevitablemente al lugar que quer\u00eda recordar. Por ejemplo, cuando fue por primera vez a Par\u00eds llevaba en el bolsillo una manzana; sab\u00eda de antemano que la ciudad le iba a gustar, hab\u00eda le\u00eddo mucho sobre ella, y quiso que algo tan habitual como la manzana le llevase a este lugar hermoso. A lo largo de los a\u00f1os, cada vez que com\u00eda una manzana, con solo cerrar los ojos, pod\u00eda sentir las calles, el frescor del Sena, las avenidas llenas de gente o el olor a madera vieja del portal donde estuvieron visitando a unos familiares. Lo recordaba todo al detalle.<br \/>\nHizo esto para tener siempre a mano algunos buenos momentos de su vida, no solo viajes, tambi\u00e9n con las personas. El primer d\u00eda que vio a su hija, su primera y \u00fanica hija, se meti\u00f3 en la boca una ramita de menta. Lo hizo adrede porque as\u00ed cuando comiese un caramelo tambi\u00e9n podr\u00eda volver a sentir el que fue uno de los d\u00edas m\u00e1s felices de su vida.<br \/>\nPero las palabras se estaban perdiendo, no solo no las recordaba, tampoco las reconoc\u00eda.<br \/>\nLa gente a su alrededor se fue dando cuenta, los m\u00e9dicos tambi\u00e9n y ninguno quer\u00eda decirle qu\u00e9 le pasaba. No hac\u00eda falta, se notaba que algo grave estaba ocurriendo y que no hab\u00eda cura posible para esta desgracia.<br \/>\nUna ma\u00f1ana se levant\u00f3, no hab\u00eda nadie cerca y por unos momentos no pudo recordar el nombre de su mujer. El terror le vino a las venas, esto era grave, nunca jam\u00e1s hab\u00eda tenido tanto miedo.<br \/>\nSe visti\u00f3 con las prendas que ella le dejaba todos los d\u00edas sobre la silla, no se puso los zapatos, continu\u00f3 con las zapatillas, esas que alguien le hab\u00eda regalado por su cumplea\u00f1os. Fue a la cocina y ella tampoco estaba all\u00ed. Busc\u00f3 el cesto donde sol\u00eda ir a por moras, se puso la gorra y sali\u00f3 de la casa con paso firme.<br \/>\nPor el camino encontr\u00f3 un rosal, prob\u00f3 con el olor, era ella, sin duda alguna, cogi\u00f3 un p\u00e9talo y se lo puso entre los labios. All\u00ed estaba tan lozana, con esa risa que siempre le encandilaba y ese talento tan suyo para hacer que todo fuese f\u00e1cil, la tuvo tan cerca que extendi\u00f3 la mano para poderla tocar. Encontr\u00f3 moras y manzanas, peras, ciruelas, que le llevaron a Par\u00eds, a la capital o al d\u00eda en que la hija se cas\u00f3 con ese buen muchacho. Pudo coger una ramita de menta y la vio reci\u00e9n nacida, llorando a pleno pulm\u00f3n, con un cuerpecito rosado, p\u00e1lido.<br \/>\nAl cabo de mucho rato de estar caminando se sent\u00f3 debajo de un pino alto, uno que ol\u00eda  especialmente bien y que cuando quiso nombrarlo no pudo, no encontr\u00f3 la palabra; tampoco las encontr\u00f3 cuando escuchaba su nombre en la lejan\u00eda, no les hubiese podido dar se\u00f1a de d\u00f3nde estaba y la noche ya empezaba a cerrarse a su alrededor. La noche no ten\u00eda sabor, ni olor, solo peque\u00f1os claros que no le dec\u00edan nada. All\u00ed se qued\u00f3 sentado, apoyado en el pino que le pas\u00f3 un poco de calor.<br \/>\nPor un momento record\u00f3 todas las palabras, todos los libros que hab\u00eda le\u00eddo, los lugares d\u00f3nde hab\u00eda estado y las personas que hab\u00eda conocido. Se comi\u00f3 una mora y vio a su abuelo que le hac\u00eda gestos, nunca antes le hab\u00eda hecho indicaci\u00f3n alguna, con \u00e9l se fue, con todas sus palabras colocadas en las mil historias que hab\u00eda so\u00f1ado, en los versos que nunca debi\u00f3 olvidar, con los olores y los sabores de toda su vida. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 le pasaba a las palabras? Ellas, que tan a gusto parec\u00eda que estaban con \u00e9l y ahora, ahora no las encontraba; se ve que les hab\u00eda asustado de tanto nombrarlas, como se asustan los animales de compa\u00f1\u00eda de las calles, esos que son de todos y de nadie. 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