{"id":803,"date":"2017-08-25T11:55:28","date_gmt":"2017-08-25T11:55:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=803"},"modified":"2017-08-25T11:55:28","modified_gmt":"2017-08-25T11:55:28","slug":"aquella-cara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.marixa.com\/wp\/?p=803","title":{"rendered":"AQUELLA CARA&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>Aquella cara&#8230;<br \/>\nMe cost\u00f3 mucho decidirme y en silencio comenc\u00e9 a preguntarle por sus rasgos.<br \/>\nNo pareci\u00f3 entenderme, creo que estaba absorto en otras cosas, a lo mejor en algo de m\u00ed o de la luna, o quiz\u00e1s le gustasen las sombras que se reflejaban en la pared de la habitaci\u00f3n y que parec\u00edan no ser, no pertenecer a nadie, porque iban solas de ac\u00e1 para all\u00e1, haciendo piruetas o bailes m\u00e1s que de sal\u00f3n.<br \/>\nLe pregunt\u00e9 por las arrugas, pero no por las predominantes, esas que sobresalen cuando sonr\u00ede; le preguntaba por las peque\u00f1as, las que casi pasan desapercibidas. Me dijo que las peque\u00f1as, las arrugas, pugnaban por ser cicatrices para tener algo m\u00e1s de prestancia, pero que, en el fondo, solo eran instantes de momentos pasados que hab\u00eda que recordar.<br \/>\nAquella cara&#8230;<br \/>\nTen\u00eda una frente amplia. No era de esas que se crecen con el tiempo, cuando el pelo se va retirando del mundo y deja que la vista tenga m\u00e1s apertura de campo. Era una frente poderosa, estiraba la piel como nadie lo hac\u00eda, en algunos momentos parec\u00eda que se iba a romper, que se resquebrajar\u00eda de un momento a otro, quiz\u00e1s por las inclemencias del tiempo, o solo ante una duda cualquiera, una sencilla duda, inocente.<br \/>\nLe tocaba la frente como quien toca un huevo de un p\u00e1jaro que acaba de morir y no hay m\u00e1s, este era el \u00faltimo de su especie a no ser por ese huevo que tocas con la yema del \u00edndice esperando que te transmita algo.<br \/>\nLo que m\u00e1s me gusta es su entrecejo.<br \/>\nEl entrecejo es la parte de las cejas d\u00f3nde poner la respiraci\u00f3n. Comienzas amablemente por un lado poblado de alborotados pelos, pareciese que, a pesar de lo que dicen todos, no son las alas de las caras. Y esto lo s\u00e9 porque lo he tocado, tocado a la vez que visto y o\u00eddo. Son brazos. Los brazos del que baila, con esa manera que tienen de confundir, que no son alas, son potentes ap\u00e9ndices que vienen a ser el cobijo de una madre. Esos pelillos revoltosos, marcando las diferencias entre lo que podr\u00eda ser una decencia y un delito. Y se repiten tras la respiraci\u00f3n del entrecejo y guardan los ojos, esos grandes pozos que se llenan o vac\u00edan seg\u00fan las inclemencias de la vida.<br \/>\nAquellos ojos&#8230;<br \/>\nLos ojos no los pod\u00eda tocar. Tend\u00edan a cerrarse si me acercaba demasiado. Jugaban al despiste pareciendo los dos iguales, pero no lo eran. Estoy segura de que cuando llegaba mi mano a su cercan\u00eda se pon\u00edan a hablar, de sus cosas, de mis cosas, de las cosas de ninguno que flotan en el aire para ir aprendiendo a amoldarse a las miradas, sobre todo a las furtivas.<br \/>\nAmaba el pesta\u00f1eo. Aqu\u00ed podr\u00eda decir algo tonto como &#8220;aleteo&#8221; pero no lo parec\u00eda, porque sus pesta\u00f1as eran manos que aplaud\u00edan lo que el ojo, s\u00ed, el ojo, independientemente uno del otro. Aplaud\u00edan lo que ve\u00edan. El derecho buscaba lo interesante, lo peculiar, mientras que el izquierdo sosten\u00eda el roce hasta el cansancio, como no queriendo aplaudir nada. A veces me parec\u00eda que la piel de los p\u00e1rpados era de seda salvaje y que en cualquier momento una r\u00e1faga de aire, provocada por mi roce, podr\u00eda hacerla volar, con las pesta\u00f1as como plumones desesperados, los que parece se agarren a los lugares d\u00f3nde se posan, como si pesasen mucho.<br \/>\nLe tocaba las pesta\u00f1as con cuidado. S\u00e9 que sonaban, como un instrumento musical, las pesta\u00f1as sonaban, cada una con su nota diferente, mel\u00f3dicamente, solo esperando el ritmo causado por el roce. Una vez las sopl\u00e9, solo por ver qu\u00e9 pasaba. Se enredaron unas con otras. Es costoso desenredar pesta\u00f1as que no quieren ser desenredadas.<br \/>\nLa nariz era napole\u00f3nica, merec\u00eda un sombrero. Quiz\u00e1s era un embellecimiento de un antiguo fara\u00f3n del viejo Egipto, y en ocasiones dud\u00e9 de que fuese un esperpento geogr\u00e1fico escapado de alg\u00fan mapa infantil hecho con papel mach\u00e9.<br \/>\nDaba vueltas y m\u00e1s vueltas por ella, subiendo a la cima, imaginando que pon\u00eda all\u00ed mi bandera por ser \u00fanica y primera en llegar a lo m\u00e1s alto, para despu\u00e9s precipitarme al vac\u00edo de una comisura labial bien formada. La nariz no era un impedimento, era una barrera geol\u00f3gica de la caricia, un choque con las estructuras que sosten\u00edan unos pasajes suaves a cada lado y que debajo pod\u00edas tener una playa o un bosque.<br \/>\nAquellos labios&#8230;<br \/>\nEstos, los labios, eran un infierno. No sab\u00eda por d\u00f3nde empezar, si por la palabra o por las esquinas.<br \/>\n\u00a1Dios! C\u00f3mo me gustaban sus labios, tan llenos de vida, tan \u00fatiles a la hora de descansar en ellos; me parec\u00edan un exquisito filete de ternera roja, o un fruto salvaje de esos que no se sabe nombrar y que podr\u00eda haber estado en el para\u00edso y entonces las manzanas no ser\u00edan el problema.<br \/>\nAqu\u00ed me perd\u00eda en la locura. Pasaba mi pulgar, descansaban tres de ellos, o dos, y se abr\u00edan hac\u00eda los lados, lentamente, como no queriendo que esta poes\u00eda se terminase y entonces, entonces sonre\u00edas, y a m\u00ed se me volv\u00eda loca la vida y no pod\u00eda m\u00e1s. Me costaba dejarlos para continuar el camino.<br \/>\nLuego, con las dos manos, recog\u00eda la barbilla en un intento de guardar estas sensaciones para qued\u00e1rmelas, para siempre, por siempre, quer\u00eda tener tu cara en la m\u00eda, y sentir el olor que tienen los poros, el aroma de las pesta\u00f1as al viento, el frescor de las cimas y en su caso la humedad de los huecos.<br \/>\nY las arrugas todas parec\u00edan los mil r\u00edos del Amazonas, secos en la alegr\u00eda, h\u00famedos en el amor.<br \/>\nAquella cara, tu cara, pasaba a ser de mi propiedad porque la hab\u00eda absorbido toda entre mis manos. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquella cara&#8230; Me cost\u00f3 mucho decidirme y en silencio comenc\u00e9 a preguntarle por sus rasgos. 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